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¡POR LA REPUBLICA DE BOLIVIA, NACION UNICA, SOBERANA E INDIVISIBLE, EN SU 191 ANIVERSARIO Y RUMBO A LOS DOSCIENTOS AÑOS DE FUNDACION!


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ACTUALIDAD

Falange Socialista Boliviana realizó una sesión especial en fecha 21 de junio del año 2016, en la ciudad de La Paz, determinando los siguientes puntos:

1. Designación del falangista Sergio Raúl Portugal Joffre como secretario general.

2. Designación de los falangistas Edwin Patzi Larrea, Susana Huanca Chambi, Ricardo Sánchez Mamani, Pamela Huanca Chambi y Damaris Paredes Huanca, como delegados del Consejo Nacional de Falange Socialista Boliviana.

3. Este cuerpo de dirección nacional tiene la misión de preparar:

a)Documento de declaración de la ideología fundamental de Falange Socialista Boliviana, a publicarse en breve.

b)Organización de Falange Socialista Boliviana.

c)Preparación de estatutos, documentos doctrinales, código de honor y todas las disposiciones políticas y legales, para las concentraciones nacionales, a realizarse en lo venidero.

d)La acción externa de FSB, que ya se inició por nuestra camarada Damaris Paredes, con nuestro triunfo en las elecciones de estudiantes de secundaria en el Colegio Técnico Uruguay.

¡Viva la República de Bolivia, Nación única, soberana e indivisible!

La Paz, República de Bolivia, 20 de febrero de 2017

miércoles, 29 de septiembre de 2010

LA NACION



Sergio Portugal Joffre

La Nación es el sujeto principal de quien proviene la razón del desarrollo doctrinal sobre el tema del nacionalismo. Precisamos realizar el estudio de aquellas cosas que se relacionan con la Nación, para comprender mejor su trascendencia en la historia y el mundo; así como el objetivo al cual debe guiarla el nacionalismo.

La Nación es la unidad histórica y geográfica permanente, que contiene a la sociedad y dispone de un Estado.

Cuando decimos que la Nación es la unidad, estamos señalando que es una entidad única e indivisible. Es la unicidad que reúne en sí misma a todo lo que contiene. Es una totalidad y es integradora, porque todo lo que está dentro de ella se relaciona entre sí y guarda reciprocidad con la misma. Existen en el planeta cientos de naciones; pues, cada una de ellas es una unidad total e integradora.

Ahora bien, cuando expresamos que es la unidad histórica y geográfica, hablamos de la Nación que es una en el tiempo y el espacio. Bien podemos decir que lo histórico y geográfico, son los dos factores primordiales con los cuales nace y se forma una Nación. Esto lo comprenderemos mejor si primero atendemos a la explicación respecto al factor histórico, que da forma y contenido a lo que es una Nación.

La Nación histórica.
La historia no es solamente la crónica de los hechos pasados en un país; sino que representa lo que una Nación es en el pasado, el presente y el futuro. La historia es lo que una Nación significa en el tiempo; porque tiene un proceso desde su formación en los orígenes y su trayectoria, que la distinguen de las demás. Este devenir histórico es el que ha dado forma y contenido a lo que ella es en su trascendencia existencial y lo que será su destino en el futuro. La Nación es por eso, de un significado fundamental para la vida de la humanidad.

Porque existe una relación de identidad entre los hombres y sus naciones, que se ha manifestado a través de las realizaciones históricas. Es el hombre el que ha efectuado los hechos históricos de la Nación. La Nación no es un fenómeno que sucede aisladamente en la vida del mundo; sino que proviene de una ley natural de asociación humana y es la realización histórica de los actos humanos que se efectúan en el orden espiritual y material.

La Nación es el núcleo permanente del desarrollo humano en el mundo; como tal, debe continuar en ascensión permanente de perfeccionamiento. En ese trabajo de perfectibilidad, interviene políticamente el nacionalismo de cada país.

Un proceso de seis mil años hasta la época presente, ha seguido la formación de las actuales naciones. En ese proceso han sufrido modificaciones históricas y geográficas, porque era necesario que se forjasen de una manera individual, formando sus propias características culturales diferenciadas. Por ello, es que consideramos que lo cultural se encuentra en el interior del factor histórico, como parte de la formación de una nacionalidad particular.

El proceso nacional de formación y la pertenencia del hombre a la Nación, puede explicarse aún mejor, siguiendo el análisis etimológico de la palabra Nación.

Leslie Lipson destaca que la palabra Nación proviene de la raíz griega “nasci”, cuyo significado es “haber nacido”. De esta raíz proviene también el verbo latino “natio”, con el mismo significado para Nación. A su vez, las palabras griega y latina para designar al clan, que fue la organización básica de la sociedad humana; son respectivamente “genos”, que proviene de la palabra nasci y “gens”, que procede de natio. Por nuestra parte, decimos que nos amplía la idea el indicar que también la palabra “génesis” que en griego significa origen, de la cual proceden “genético” y “generación”, por ejemplo, derivan de la misma etimología.

Todo esto se encuentra relacionado, como se puede apreciar, con los orígenes. La Nación se encuentra íntimamente relacionada con las primeras manifestaciones de la organización humana. Es el origen de la nueva comunidad humana, nacida en los primeros tiempos. Es la cuna donde nace el hombre y se desenvuelve en colectividad. Ella misma es el resultado de un nacimiento y un proceso de formación junto con el pueblo al que contiene. Las generaciones se suceden dentro de ella y desarrollan desde el pasado hacia el futuro.

El espacio geográfico.
Este proceso formativo, en el que se han suscitado las transformaciones históricas de una nacionalidad determinada, se realiza en el interior de un espacio geográfico. En ello, podemos observar que la Nación cuenta con una ubicación geográfica, extensión territorial y una característica geográfica particular; que al igual que su historia y cultura, está diferenciada de las demás.

Primero, es precisamente la ubicación geográfica la cual señala por sí sola, que una Nación tiene un lugar en el mundo. Las naciones están distribuidas en la expansión de la tierra, ubicadas cada una en un sitio determinado. El lugar que una Nación ocupa promueve el papel geopolítico que ella puede jugar en su entorno continental y en la historia. Tal vez se encuentre en el borde marítimo de un continente o quizá sea mediterránea. También tiene importancia la ubicación geográfica, de acuerdo a los puntos cardinales en un continente, en que se encuentra ésta. Así como si está ubicada en el noroeste y al mismo tiempo entre dos océanos o mares como Marruecos; si solamente una porción de su territorio ocupa el margen marítimo de un océano, como Ecuador; por citar algunos ejemplos.

Observemos si una Nación ocupa en mayor proporción un determinado borde oceánico, como Brasil en el Atlántico; o el centro de un continente, como Bolivia y Paraguay; o si una agrupación de países ocupa el centro de un continente, según sucede en África; y es en este continente que también podemos apreciar la reunión de algunas naciones en los bordes oceánicos del Atlántico y el Índico, en el cono sur continental. Si accede como puente intercontinental, como Panamá en Centroamérica, o no lo hace. Si se ubica en el paso de un estrecho, y qué porción de este abarca; digamos España y Marruecos en el estrecho de Gibraltar. En fin, si se trata de una Nación que constituye como Japón, una isla o archipiélago, en medio del océano o de dos o más naciones que comparten un territorio insular, según podemos observar con República Dominicana y Haití en el Caribe. Es más, incluso adquiere importancia si una Nación insular se encuentra a mayor o menor distancia que otras, de la masa continental próxima.

Como puede apreciarse, en la importancia de la ubicación geográfica de una Nación, intervienen una multiplicidad de factores territoriales y geoestratégicos. El solo hecho de hablar sobre la ubicación geográfica, ya nos indica la gran importancia que tiene la existencia de la Nación. Si a ello añadimos los demás factores geográficos e históricos; veremos que ella es imprescindible, permanente y trascendental. Cada una es muy importante en el equilibrio geopolítico mundial. Por su ubicación territorial, la Nación influye en los demás países con los cuales comparte el continente, y al mismo tiempo es influida por ellos.

Segundo, la extensión territorial se ha expandido o cercenado, de acuerdo a las guerras o diversos tratos en las relaciones con los países vecinos en el tiempo; pero básicamente es el mismo territorio donde ha florecido la Nación. La ampliación o reducción de territorio no altera la existencia real de un país; pues el es siempre el mismo. Las dimensiones territoriales de unos países respecto a otros en el mundo, no califican que una Nación adquiera más importancia que otra. Lo que sí ocurre es que las dimensiones de su territorio pueden influir de modo apreciable en su importancia política y económica; aunque no es precisamente decisivo; pues está sujeta a las condiciones variantes que se suscitan en la historia.

De ello, son prueba en la actualidad, los países de Norteamérica, Canadá, Rusia y China, como territorios de grandes dimensiones; sin embargo, otros países de menor tamaño como Japón, España, Alemania, Inglaterra, etc., dieron muestras de un poderío económico y militar en la historia, y aún hoy son naciones muy avanzadas. En Sudamérica, por ejemplo, tuvimos a los imperios Azteca, Tiwanaku e Inca, que en la era precolombina fueron muy poderosos; y ahora, las naciones resultantes de estos, que son México, Bolivia y Perú, respectivamente, han variado sus dimensiones y se encuentran en menor desarrollo; considerando que el primero es de mayores dimensiones, en cambio que los segundos, aunque de menor superficie que México, son de mayor tamaño que cualquier potencia europea. Algo similar aconteció con los grandes imperios de Babilonia, Egipto y Persia, que aunque representaron en su época un gran poderío, hoy son naciones fuertes en su entorno, pero no superan a las potencias europeas; pese a que análogamente a las naciones americanas, cuentan con territorios de dimensiones mayores que las de Europa.

Es decir que, los cambios en las dimensiones territoriales y de poder, han sido muy variantes en la historia; pero no condicionan la existencia real o la inexistencia de un país, ni si la debilidad o fortaleza del mismo sea algo permanente; sino más bien, estamos viendo que esto es transitorio y las condiciones de poder en el mundo son también cambiantes. Pero, la existencia de la Nación permanece radicada en el espacio geográfico en el cual se desarrolla, independientemente de su tamaño.

Tercero, la característica geográfica de una Nación es aquella referida a las condiciones físicas y climáticas de su suelo. O sea, que podemos ver su relieve terrestre, las condiciones de su orografía, hidrografía, los pisos ecológicos de los que dispone, el clima y sus recursos naturales. Es decir, todas las condiciones geográficas con las que cuenta para su existencia material. En todos estos casos, observaremos que la geografía de un país puede ser uniforme o diversa, lo mismo que sus condiciones climáticas. Existen naciones con menos o más pisos ecológicos; unas que cuentan con una geografía con mayor o menor diversidad para el cultivo, la minería y la utilización de los diferentes recursos energéticos. La diversidad climática puede ser uniforme en unos, o en condiciones extremas de calor o frío; de mucha o gran variación, según las regiones de cada Nación.

La Nación permanente.
Por la exposición que se acaba de hacer, se comprende nítidamente que la Nación es permanente, porque perdura en lo espacial y temporal. Indudablemente, las necesidades materiales de supervivencia y el instinto de agrupación desde sus orígenes, llevaron a los hombres a constituir naciones y a construir la historia de ellas. Cada Nación ha sufrido modificaciones, con tiempos en que han sucedido etapas de fortalecimiento y debilitamiento. Las naciones se construyen atravesando épocas de infortunio y adversidad, se levantan pese a las miserias de los líderes y los hombres; frente a épocas de victoria y bonanza, de la grandeza de sus caudillos y sus pueblos. No se trata de tiempos uniformes de duración, pues eso es muy variable. Una Nación puede atravesar una temporada larga o corta de decadencia o ventura, ello no marca la validez de su existencia; como si los méritos o deméritos calificaran si un país debe existir o no existir, según es un argumento que siempre quieren aprovechar los ideólogos de la dominación y sus corporaciones, para atribuirse la facultad de calificar si unas naciones tienen validez o si su Estado es fallido; porque eso no es posible encasillar a capricho de cualquier analista de la historia y la política, encargado por la plutocracia mundial.

La Nación perdura por encima de toda vicisitud temporal; se transforma y moldea en el transcurso histórico de su existencia. Se dirige hacia un destino que solamente sus habitantes deben forjar, sin la intromisión de alguna fuerza foránea que pueda intentar distorsionar su camino. Ni las naciones vecinas siquiera deben interferir en la ruta emprendida por una Nación; pero sí pueden apuntalarse unas a otras para dirigirse hacia objetivos continentales comunes. Por eso se dice que: “La Nación es una realidad cultural que se ubica en la historia a través de una fundamental unidad de destino” (Raúl Portugal).

Por eso, en resumen, la Nación:
Es unidad.
Es histórica.
Es geográfica.
Es permanente.
Contiene a la sociedad.
Dispone de un Estado.
La Paz, 29 de septiembre de 2010

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